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martes, 15 de noviembre de 2016

Y como no? Me faltaba tu habitual llamada de domingo Waisy

Algo en ella no iba bien. Sentía una fuerte presión en el pecho que terminaba,de forma extraña,en un
escalofrío por todo su cuerpo. Era algo que él tenía. Aún no había conseguido averiguar el que,pero sentía que estaba cerca. Para mi simulaba ser el medico que está a la búsqueda de la enfermedad que causaba todos esos inexplicables síntomas.

Ella sabía que la mezcla de alcohol y besos baratos nunca fue buena. Lo sabía muy bien. Se había prometido no caer en aquella combinación tan explosiva. Pero esto era diferente,o eso aseguraba ella. La noche y las luces dejaban de ser su vehículo de escape,para convertirse ahora en el motor que apaciguaría aquel extraño sentimiento sin nombre.
No era la solución. Lo sabía,y me lo juraba al final de todas sus frases. Me lo rebatía de forma constante con la pregunta de. "y por qué me siento entonces tan viva?"·
La piel se le erizaba y sus manos solo buscaban el cuello de aquel individuo.
Algo instintivo,decía. Algo impulsivo. Así es como lo denominaba. Pude apreciar que,cada vez que aquel recuerdo volvía a ella intentaba reprimir el escalofrío que le seguía detrás.
Quería eliminarlo. Recuperar la cordura de nuevo. Dejar que sus manos dejaran de sentir por cuatro y restablecer su ritmo respiratorio habitual.
Por otra parte no podía evitar dejarse llevar por aquel caluroso escalofrío que la envolvía cada vez que aquellos besos mal dados hacían presión en su cabeza. Admitía que la sensación le gustaba.
Me había confesado semanas atrás que su corazón había dejado de tener opinión en todo aquello. El que le imponía respeto realmente era la lógica de sus conclusiones.Por una vez quería ignorarla,quería olvidar su existencia.
Yo la creía. Su historial reincidente me decía lo contrarío  pero, por vez primera la creí. Yo sabía que esta vez no sería lo mismo. O por lo menos no para ella. Lo cual aún me daba mas miedo. Su frenesí interior no parecía tener límites. Había estado demasiado tiempo dormida y,ahora, parecía haberse despertado de un sobresalto.
Temía por ella. Pero bueno,sabéis que mi condición natural es ser preventiva,y sobre todo con ella.

No paraba de explicarme, como si de una tesis se tratase,que sus besos era puro vicio,que ahí era donde residía el problema. Que aquel escalofrío,como le gustaba llamarlo, no conseguía desaparecer e,incluso, aumentaba con el contacto de aquellas dichosas manos con su cadera.
Me decía que simplemente estaba intentando hallar la forma de apaciguar aquella sensación. 
Yo sabía que no tenía nombre porque se le escapaba a su entendimiento. Sin mí no sería capaz de encontrar esa pieza que andaba buscando.


Al otro lado del teléfono todo aquello sonaba a palabras de quinceañera la verdad. Sin embargo,esta vez la acabaría apoyando y,quizás hasta dándole la razón,guiándome por su propio pretexto de :"la vida es demasiado corta".
Lo último que me confesó,antes de colgar,fue que ella misma había encendido un fuego del que no estaba segura de poder apagar. 
En parte aquello me tranquilizó. Ahora hablaba de fuego y no de hálitos de mariposas.

Fuera como fuese el cómo acabó esa dichosa tesis suya,esta vez no tendría nada que recriminarle,ni siquiera nada que perdonarle. Yo,más que nadie tenía claro quien era aquella chica del otro lado del teléfono,y cual su historial,por lo que quizás sí se mereciera todos aquellos interminables escalofríos.




Waisy.

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