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lunes, 30 de mayo de 2016

La ignorancia. Dulce olor con sabor amargo.

Todo lo que tienen es lo que conocen.
Todo lo que tienen le es suficiente. 
Mas allá de ellos,de sus amigos,familias,....más allá de sus mundos no importa nada. Solo ellos.

En el mundo actual hay dos clases de ignorancia:
Aquella ignorancia inconsciente,en la que el propio individuo no es responsable de ella; y aquella otra consciente,en la cual el ser se niega al saber por puro capricho,orgullo o pereza .
A la que yo envidio es a esa primera: a la inconsciente. Bueno,puede que envidiar no sea la el termino correcto.
Es sencillamente que no cabe en mi. No llego a entender como un concepto tan vacío como es la "ignorancia" puede llegar a aportar otro tan lleno como la felicidad. Así pues la ignorancia es lo que se conoce en matemáticas como conjunto vacío. Mientras que la felicidad es lo opuesto.Es ese concepto que nos lo aporta todo.
Me explico.

Es sabido que esa ignorancia inconsciente (esa en la que la gente solo conoce lo que tiene) da la felicidad.
Si. Quizás una felicidad incompleta; una felicidad falsa.
Si nuestra felicidad pudiese medirse en puntos,siendo la felicidad plena un 10, ellos tan solo llegarían al 5 (por poner un numero)
Así pues su felicidad sería incompleta,mas ellos no lo sabrían,porque no conocen nada más.
Y es ahí,en ese punto, donde aflora mi pequeña envidia: creerse la persona más feliz del mundo solo con tus cuatro paredes.
Ellos no necesitan nada mas porque no saben de ese más. Pero nosotros sí.
Nosotros parecemos estar hechos de una sed incalmable. Una sed que pide siempre mas y mas.
Mas lugares,mas cosas,mas amigos,mas oportunidades... Ampliar horizontes nuevos.Descubrir lo "indescubrible". Nos envolvemos en esas dulces mantas del saber y olvidamos,muchas veces, esas cosas sencillas que son las que en realidad nos definen.
A veces no puedo evitar susurrarme: bendita ignorancia. Tu que consigues hacer vivir el momento. Que eres capaz de conseguir esa felicidad instantánea.De valorar el aquí y el ahora.

Puede que nunca leguemos a valorar lo suficiente lo que tenemos. Puede que valoremos mas lo desconocido que lo ya conocido.


Sin embargo he de admitir que una de las mejores sensaciones que he probado nunca es esa que se tienes ante las nuevas incertidumbres que surgen, un segundo después,de conocer la respuesta a una pregunta ya cuestionada. 
.Esa sensación de saber más de la propia solución. 
.De encontrar nuevas incógnitas que hacerle la propia solución.

Supongo que por eso seguimos queriendo más...

 Waisy.