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martes, 17 de abril de 2018

-Memorias de una adolescente-

Todo comienza con una frase. Una simple frase que advierte el tono que seguiría aquella conversación.
Un bombardeo de ataques verbales comienzan a dispararse a medio camino entre el comedor y su habitación.
Es la misma canción. Una banda sonora que no logra despegarse de aquella casa.
Su cabeza comienza a emitir un leve pitido. Y con el fin de pararlo todo,pide la rendición. Decide enfundar el arma y retirarse de aquel improvisado campo de batalla.
Pero el pitido no cesa. 

El suelo le parece ahora más confortable que nunca. Como si desde allí no pudiese caer más bajo nadie ni nada.
Pensamiento tras pensamiento se entre-mezclan con una marabunta de sentimientos surgidos de la nada . 
Duele el pecho. Y la cabeza. Y poco a poco todo su ser.
Y desde aquella alfombra se preguntaba ahora si sería capaz el ser humano de crear un muro tan tan tan alto que permitiese no dolerle las personas.
Sería eso posible?  

En ese instante vio que el entenderla a ella le haría más fuerte. Cedía parte de su defensa para comprender la causa del demandante.
Solo era cuestión de tener paciencia, de meterse en sus zapatos y comprenderla. Así implicase hacerlo con un calzador.
La idea era clara y simple:en cada guerra mundial que se organizase, ceder al instante sus armas. Levantar las manos y entregarse, teniendo claro las ideas que llevaba por bandera (en secreto,claro)y aquellas otras ante las que se rendiría. 
Ese era el coste de la paz? Ceder? Dejar que el huracán hiciese los destrozos que creyese inconvenientes? 

Waisy.

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